lunes, 27 de diciembre de 2010

Light me up when i´m down~

   Me siento tan sola. Todavía llevo la traición latente, impregnada en mi cuerpo, en mi ropa. Estoy logrando avances, por fin tomé una decisión que dura más de cinco minutos. No las voy a perdonar, no voy a dejar que manejen mi vida y me pasen por arriba. Me rehúso a que hagan lo que quieran conmigo. Yo no manejaré mi propia vida, pero ellas MENOS. Después de todo la idea de estar sola no es tan mala. Siempre disfruté de estar sola. Miento. No me gusta sentirme sola, aislada. No me gusta fingir todo el tiempo, no quiero que mi felicidad sea un maquillaje, una absurda máscara que creé para que los que me rodean no perciban mi dolor. Soy tan buena actriz (o tan ilusa), que por minutos me lo creo. A qué punto he llegado, estoy creyendo mis mentiras, a veces no puedo distinguir la realidad de mi imaginación, inventé un mundo para vivir, un mundo fantástico pero ficticio. Un mundo en el que las Martinas son adolescentes normales y felices, que salen con sus amigas y se pasean libres por las calles. Totalmente absurdo. En mi vida todo es así, sin sentido alguno. Vivo en el mundo que creé para mí, en mi mundo perfecto. Finjo todo el día, pero cuando estoy sola recibo un cachetazo que me devuelve a la realidad, en donde nada ni nadie es perfecto, el dolor no me abandona y no puedo controlar nada, ni siquiera a mi misma.
   Siempre me mostré tan fuerte, tan decidida. Hice creer a todos que soy feliz, que no necesito de nadie. Una gran mentira, como todo lo que construí. Lo cierto es que necesito a mis afectos tanto como el aire que respiro. Necesito saber que no estoy sola, y que aunque jamás les vaya a confiar algo o a decirles lo que siento o pienso ellos están ahí. Necesito que me ayuden, que me acompañen, que estén ahí para mí, sólo por si me resbalo, siempre necesité soportes en mi vida. Mi vida, nunca estuve segura de tener una, y en el caso hipotético de que la tenga, realmente la estoy desperdiciando. Estoy sentada viendo mi vida pasar. Inmutable, veo a la gente desfilar, entrar y salir de ella sin siquiera parpadear. Tengo un caparazón que me protege del exterior, doy la impresión de que soy “intocable” y fría como una pieza en el museo de cera de Madame Tussauds. A veces tengo ganas de llorar, de tirarme al piso hecha un ovillo,  de sacar a la luz todas mis miserias. Es así, a veces siento que mi vida está construida a base de fracasos, de sueños rotos. Me estoy cayendo y cada vez me cuesta más levantarme. Simplemente ya no puedo. No quiero sonar como una demente, pero a veces envidio a las demás personas que son felices (si esto realmente existe, a mi entender es solo un estado momentáneo). ¿Es mucho pedir? ¿Es de envidiosa querer ganar una vez? Sólo una vez. Ya es tiempo de que gane. ¿Acaso no tengo ni el derecho ni el privilegio de ser feliz? Sí, ya sé, probablemente si dejara de sufrir la vida y de ahogarme en un vaso de agua podría lograrlo, pero es difícil. Los fantasmas de mis fracasos me buscan constantemente, mis miedos me sofocan, no hay nada que pueda hacer, no tengo la fórmula para hacerlos desaparecer.
   Este año quiero vivir la vida, dejar de ser tan pesimista. Es TAN difícil no desconfiar, no sufrir. Estoy casi convencida de que algunas personas tenemos un imán de sufrimiento. O quizá sea yo la única que le pasa. Yo me angustio por todos, lloro lo que todos tendrían que llorar. Cada vez me afirmo más a la idea de que yo nací sin suerte. Nunca creí en la suerte, pero basta recapitular mi vida, recontar mis vivencias y revivir mis fracasos para darse cuenta de que efectivamente la suerte existe y yo no la tengo. Es así. Si me tiro debajo de un auto, soy tan desgraciada que sobrevivo, quedaré en coma, como un sucio vegetal toda mi vida, pero viva al fin. Conclusión: optaré por los trenes (joda). Hablando en serio, quizá tenga algo de suerte y no la sé aprovechar, la mayor parte de mi tiempo se va en mis problemas, quizá sea una egoísta. Pero es tan difícil, no tengo el valor de enfrentarme a mis miedos, no puedo superar mis fracasos. A veces tengo unas ganas incontrolables de tener amnesia, de olvidarme de todo. De vivir, reír y descubrir la vida en vez de estar acá encerrada llorando por lo que pasó o por lo que no pasó. Sí, suena bien en teoría. Pero colgué los guantes hace tiempo, los escondí tan bien que ya no recuerdo dónde. Mi vida será siempre una eterna contradicción. Una batalla infinita entre dos seres opuestos que habitan dentro de mí, entre mi cabeza y mi corazón. Siempre estoy indecisa. Reflexiono durante horas para terminar en el mismo punto, para no perder la costumbre no puedo evitar contradecirme una y otra vez. A veces me dan ganas de luchar, de luchar por lo que quiero y creo, pero sólo necesito una fracción de segundo para que resuene en mi cabeza la eterna pregunta : ¿para qué? Si las mías fueron siempre batallas perdidas…

domingo, 26 de diciembre de 2010

Better than revenge ~

   La vida cambia tan rápido, el mundo te cambia en un segundo. Un segundo. Es el tiempo que necesario para ver todo irse a la mierda, para ver tus sueños/aspiraciones volar en el aire y estallar contra el suelo. No te da tiempo de reaccionar, te quedas ahí parado, como un idiota, sin dar crédito a lo que ves, sin entender nada, confundido y asustado como un niño pequeño. Así es como me siento, tengo ganas de correr, de taparme la cara como solía hacerlo, era mi forma de espantar el miedo, de hacer que desaparecieran las criaturas espeluznantes que mi imaginación proyectaba por las noches en mi dormitorio, casi podía oír su respiración, sentía sus ojos clavarse en mí. Desearía que ellos fueran mis problemas, por lo menos desaparecían a la luz del día. Pero los problemas de ahora son los peores, porque caminan, piensan y actúan por sí mismos, no hay nada que yo pueda hacer, no puedo desaparecerlos ni tampoco desaparecer yo, taparme ya no me da seguridad ni me tranquiliza. Mi vida es una continua decepción. Me corta, me traspasa, me quema, me lastima, me mata. Duele, duele mucho. Duele saber que viví una mentira, que fui manipulada e hice el papel de estúpida otra vez. Y sí, me mandé muchísimas cagadas en mi vida, fueron muchos errores, mentí muchas veces, lo admito y sé que “todo vuelve” pero no creo merecer esto. Pueden considerarme orgullosa, pero hablo en serio, me vuelve más mierda de la que tengo tiempo de tirar. En mi vida pasada tuve que haber sido MUY mala persona. ¿Quién mierda fui? ¿Una asesina? ¿Hitler? ¿Jack el destripador? Siempre asumí las consecuencias de mis acciones, pero tengo la necesidad de buscar motivos, de responder a algunas preguntas, porque sinceramente, no he hecho nada, absolutamente nada. Nunca fui “Miss simpatía”, pero me considero buena mina. O sea, tengo defectos como todo el mundo, pero cuanto más buena trato de ser, peor me va. ¿Acaso es una indirecta? ¿La vida me quiere decir que no sirvo para ser buena, que no me queda bien ese papel? Un día antes de navidad descubro que tengo menos amigas de las que imaginaba. Fantástico. ¡Feliz navidad para todos!, todos excepto yo, aislada y sola de nuevo. No sé por qué siempre tengo la estúpida esperanza de que el dolor desaparezca, que se vaya al menos un rato. ¿Acaso pensé que iba a sentirme bien sólo porque era navidad? No. No hay excepciones, el dolor me sigue a todos lados, está anexado a mí, es un huésped habitual en mi cuerpo. La cuestión es que no me sentí bien, tuve que fingir, otra vez. Modestia aparte, soy buena en eso, nadie en mi familia notó que estaba mal, ni siquiera sospecharon, no imaginaron el profundo dolor que sentía. La culpa es de ella. Quizá no toda, pero la mayor parte. A veces me pregunto: ¿cómo será ser así? Es astuta, manipuladora por excelencia. Mueve siniestros engranajes, empuja a la gente a sus límites, los hace llegar al punto en el que los quiere tener, hace esto con suavidad, gracia y sutileza, el plan perfecto. Su vida es un juego, es decir, ella convierte nuestras vidas en eso, nos reduce a simples piezas de ajedrez. Es una ladrona de identidades, una experta en el arte del engaño, del camuflaje. Se refugia detrás de una máscara, es desconcertante, enigmática. No sé quién es.
   Probablemente esté exagerando, pero así es como la veo, una estratega. No puedo creer que me hayan hecho esto. No me gustan los problemas, pero me cansé. Me cansé de dejar pasar las cosas, de callarme una vez más. Ahora por fin puedo verlo, nada como una buena dosis de realidad. Su traición fue una cachetada, otra más. Estoy harta de poner la otra mejilla, de ser humillada y ultrajada. Es hora de levantarme en armas, de que vuelva mi costado enérgico. Realmente estoy exhausta de fingir, de hacerles creer que no me importa, que no sé nada. Ya no voy a hacer el papel de ingenua. No quiero más lugares oscuros, es hora de ver la luz, de por fin salir del agujero en el que estoy enterrada. Bien, me va a costar, pero me siento dispuesta a escalar. Ya no me da lo mismo vivir y morir, me rehúso a que me coman los buitres. No más.
    Tampoco puedo creer que haya gente que se deje influenciar de esa forma, no me sirven las excusas estúpidas e infundadas, o sos mi amiga, o no lo sos.
   En cuánto a vos querida, no sos todo eso. Sos una más de las tantas arpías que andan desperdigadas por el mundo. No sos tan fuerte, no tenés ese poder. No puedo creer cómo pude darte el gusto de hacerme sentir mal, YO te hice protagonista, te di más importancia de la que merecías. Te recomendaría un psicólogo, si no te diagnostican trastorno múltiple de la personalidad sería un regalo navideño. Hoy por fin veo con claridad, hoy te arranco de mi vida para siempre, dejame decirte que nunca jamás te quise, no te odio. No lo hago porque no me importas, porque nunca te necesité, porque nuestra amistad siempre se fundó en mentiras. A personas como vos debo mi casi fobia a las relaciones, mi eterna desconfianza. Desde hoy voy a ser un poco más cuidadosa, a observar todo más detenidamente. ¿Cómo pude ser tan ciega? ¿Cómo pude ignorar lo que estuvo ante mis ojos todo este tiempo? Estoy decidida, no voy a respetar a quien no lo hace. Voy a demostrarte cuán mala puedo ser. Yo también puedo empujarte a límites desesperados, reducirte a una inútil pieza de ajedrez. Así que dame tu mejor golpe, quiero que hagas el mejor intento, quiero ver tu jugada. Que comience la partida.

domingo, 19 de diciembre de 2010

¿Can we pretend that airplanes in the night sky are like shooting stars? I could really use a wish right now ~

Ya tuve que ir obligado a misa, ya toqué en el piano "Para Elisa"
ya aprendí a falsear mi sonrisa, ya caminé por la cornisa
 
ya cambié de lugar mi cama, ya hice comedia, ya hice drama
fui concreto y me fui por las ramas, ya me hice el bueno y tuve mala fama
 
ya fui ético y fui errático, ya fui escéptico y fui fanático
ya fui abúlico y fui metódico, ya fui púdico fui caótico
 
ya leí Arthur Conan Doyle, ya me pasé de nafta a gasoil
ya leí a Breton y a Molière, ya dormí en colchón y en sommier
 
ya me cambié el pelo de color, ya estuve en contra y estuve a favor
lo que me daba placer ahora me da dolor, ya estuve al otro lado del mostrador
 
y oigo una voz que dice sin razón,
vos siempre cambiando ya no cambias más
y yo estoy cada vez más igual,
ya no sé que hacer conmigo
 
ya me ahogué en un vaso de agua, ya planté café en Nicaragua
ya me fui a probar suerte a USA, ya jugué a la ruleta rusa
 
ya creí en los marcianos, ya fui ovo-lacto vegetariano, sano
fui quieto y fui gitano, ya estuve tranqui y estuve hasta las manos
 
hice un curso de mitología pero de mí los dioses se reían
orfebrería la salvé raspando, y ritmología aquí la estoy aplicando
 
ya probé, ya fumé, ya tomé, ya dejé, ya firmé, ya viajé, ya pegué, ya sufrí, ya eludí, ya huí, ya asumí, ya me fui, ya volví, ya fingí, ya mentí
 
y entre tantas falsedades, muchas de mis mentiras ya son verdades
hice facil las adversidades, y me compliqué en las nimiedades
 
y oigo una voz que dice con razón
vos siempre cambiando ya no cambias más
y yo estoy cada vez más igual
ya no sé que hacer conmigo
 
ya me hice un lifting, me puse un piercing, fui a ver al Dream Team y no hubo feeling
me tatué al Ché en una nalga, arriba de mami para que no se salga
 
ya me reí y me importó un bledo, de cosas y gente que ahora me dan miedo
ayuné por causas al pedo, ya me empaché con pollo al spiedo
 
ya fui al psicólogo, fui al teólogo, fui al astrólogo, fui al enólogo
ya fui alcohólico y fui lambeta, ya fui anónimo y ya hice dieta
 
ya lancé piedras y escupitajos, al lugar donde ahora trabajo
y mi legajo cuenta a destajo, que me porté bien y que armé relajo
 
y oigo una voz que dice sin razón
vos siempre cambiando ya no cambias más
y yo estoy cada vez más igual
ya no sé que hacer conmigo.




   Sí, es una canción. Quizá la que puede describir con más exactitud lo que siento en este momento, cómo me siento. Soy una persona inestable, cambiante, mi vida es una eterna metamorfosis. ¿El resultado? Incierto, como todo en mi existencia. Si hay algo que realmente me identifica, me marca, son mis cambios repentinos, fugaces, y digo fugaces porque sólo necesito de dos minutos de soledad para cambiar diametralmente mi punto de vista. Dependo de la emoción predominante en ese momento. Un día puedo izar la bandera de los Estados Unidos y al otro apedrear la embajada. No soy tan drástica. Pero desconcierto a la gente y honestamente a mí misma. Cada día descubro cosas nuevas acerca de mí, cada día me conozco menos. A veces siento la sensación de que hay un extraño en mi cuerpo, de que no soy yo, de que mi alma, mi esencia, se transportó a otro mundo subalterno, se fue a flotar al espacio sideral y que dejó a mi cuerpo clavado en la tierra, solo y confundido. Hoy tengo ganas de llorar, de sentarme a llorar desconsoladamente, de llorar como si fuera mi último día en la Tierra, de llorar por las cosas que hice, hago y probablemente voy a hacer, de llorar por las que no hice, no hago y jamás haré, de angustiarme por la nada misma, de aliviar la pena que reside en mi interior sin motivos aparentes. Yo pienso que hay penas que vienen solas, sin que nadie las llame. O quizá las busquemos compulsivamente porque no conozcamos otra cosa. Por esta misma razón pienso que el ser humano no conoce la felicidad plena. Creo que al fin lo comprendo. Siempre me quejé de la gente que se ahoga en un vaso de agua, pero ahora puedo ver con claridad que no soy diferente a ellos. ¿Qué es un verdadero problema? Si lo pienso fríamente podría contestar que la muerte, el desempleo, la pobreza, la violencia. Probablemente la mayoría de las personas concuerden conmigo. Pero, ¿quién conoce la consistencia de un verdadero problema sin sufrirlo? Absolutamente nadie. Sólo nos hacemos una idea. Los problemas son diferentes para todas las personas. Tal vez algunas personas consideren que romperse una uña o no saber quién te gusta es un problema, demasiado superficial, pero real. Es la absurda realidad del mundo. En mi opinión, un problema es cualquier cosa que nos afecte, nos deprima, que ocupe una parte sustancial de nuestro tiempo. Los problemas “superficiales” son aquellos que nos inventamos para escapar de nuestros verdaderos problemas, de nuestras realidades o porque estamos aburridos. No sé, el cerebro humano opera de maneras desconocidas. Ahora creo que puedo llegar a entender a las anoréxicas, a las bulímicas, a los drogadictos, etc. Son diferentes acciones para una misma reacción.  Es decir, el verdadero problema de las anoréxicas y las bulímicas no es estar o verse gordas, sólo crean problemas para escapar de los problemas reales, entonces, el problema pasa a ser estar gorda o cómo restringir calorías, ocupan la mente en otra cosa, para olvidar sus “otros” problemas. Los drogadictos actúan de la misma manera, NADIE se droga porque le gusta, lo hacen para olvidar sus penas, para que su problema pase a ser drogarse o cómo conseguir drogas. Ahora lo comprendo (cabe destacar que hace dos días consideraba a los drogadictos como seres despreciables, no merecedores de ninguna clase de ayuda ni atención). Pero como escribió Cielo “un clavo oxida a otro clavo”. A lo que me refiero es que buscando otros problemas, no vamos a solucionar los que ya teníamos. Los olvidaremos, quizá por un rato, un día, un año. Pero van a seguir ahí, esperando ser resueltos o resurgir de nuestras entrañas como filosas dagas, serpientes al acecho.
   Después de esta “reflexión” o lo que sea que haya escrito (a veces tengo que releerme para tener noción de lo que escribí, siempre pensé que mis dedos tienen vida propia, piensan por sí mismos, y son impulsados por una fuerza mayor a la hora de escribir, me dejo llevar), los pocos que lean esto van a pensar: ¿a esta chica que mierda le pasó? Nada, absolutamente nada. Quizás ése sea el problema, aún no lo sé, aún no descubro algunos de mis comportamientos. Ayer me sentía realmente feliz, hoy no tenía ganas de levantarme, el cuerpo no me respondía. En mi mundo bipolar, las cosas son así, se comportan de esa manera, y lamentablemente la felicidad siempre está seguida por la angustia invisible, inexplicable.   
   ¿Nunca les pasó que cuando llegan a su casa se deprimen? Si no les pasó, estoy peor de lo que imaginaba, pero cuando llego a casa, después de estar en la casa de una amiga, me siento inexplicablemente mal. No es que no me guste mi casa ni que no la extrañe. Pero cuando entro, me siento sola, vuelven a mí los millones de fantasmas olvidados que deambulan por los rincones. Como sea, hoy no estoy en mi mejor momento. Podría decir que estoy triste. Mañana va a ser un día de mierda. Voy a estar todo el día encerrada, algunos pensarán: “esta mina está así porque quiere”. No es mi elección, pero me da la sensación de que si salgo va a caer un meteorito en mi cabeza y me va a enterrar 10 metros bajo tierra. Nunca fui supersticiosa, pero creo que lo soy a mi manera. Muchas veces me guío por la intuición. Bah, “a veces”, siempre lo hago, la mayoría del tiempo estoy confundida, así que no me queda otra que hacerlo. No quiero sonar pedante, pero casi nunca falla. Tal vez sea porque cuando no ponemos empeño en algo, sale mal. Si voy con mi pesimismo a todas partes no voy a rescatar nada bueno. Estoy casi segura de que “la mente mueve montañas”, por ejemplo, si me siento mal, me duele la cabeza y me convenzo de que estoy enferma, realmente me enfermo. Las cosas salen como nosotros queremos y elegimos que salgan. 
   Desde que llegué a casa estoy como “ida”. Me sentí ajena a todas las conversaciones. Una intrusa en mi propia casa, una completa extraña. Me sentía “superior” a la conversación, sacando mis propias conclusiones en mi mente. Mejor dejo de hablar en clave, en un idioma que sólo yo conozco y voy a ir a lo concreto. No puedo creer que haya gente así, manipuladora y superficial, aburrida, obvia. No me gusta la gente que juega con otros, aunque la vida sea un juego. No me agradan los que actúan como “titiriteros” moviendo hilos a su conveniencia, empujando a la gente a sus límites, para lograr sus macabros y retorcidos fines. Siempre pensé que mi vida es como una película, cambia desde el punto que la vea. Puedo ser la reina del drama, de la exageración. Pero son MIS vivencias, yo las veo de ese modo, las vivo así. 
   Opino que es el momento indicado de la noche para hablar más directamente de mis miedos. Los pocos que me leen y me conocen, pueden decir con seguridad que le tengo miedo al fracaso, al abandono, al reemplazo y a las arañas. No puedo evitar preguntarme: ¿cuál es mi mayor temor? Hace tiempo me formulo esta pregunta, hoy finalmente encontré la respuesta. Por sobre todas las cosas, yo me tengo miedo a mí misma, a nadie en especial, a todos, al ser humano en sí. Tengo miedo de volverme loca, de que mi mente me tienda siniestras trampas, de que me dibuje cosas que no son, de llegar a límites insospechados, de caminar al borde del precipicio, de caerme y no volver a salir, de no poder hacerlo, de ver mi peor versión. A mi entender, cada uno de nosotros tiene distintas versiones, unas mejores, otras peores, versiones que nosotros mismos creamos para afrontar determinadas situaciones. La mente definitivamente mueve montañas y a veces nos juega malas pasadas. No quiero ser una loca, un ser despreciable, me rehúso. Quiero tener cierto control sobre mí, sobre mi mente y mi cuerpo. No quiero obrar por inercia. Los que lean esto, probablemente corran a tirarse debajo de un auto, espero no tener ese poder en la gente. Como dice mamá, yo tengo la capacidad de aburrir, molestar, perturbar y confundir hasta a un cadáver. Probablemente esté en lo cierto. Así que voy a dejar de delirar. Me voy a sentar a esperar que desaparezca esta angustia. De que quede plasmada y atrapada en el post. Me voy a sentar a mirar el cielo estrellado, amparada en la oscuridad de la noche, esperando que mis premoniciones no se cumplan y que el meteorito que me va a enterrar 10 metros bajo tierra sea sólo una estrella fugaz, por fin una estrella para mí, no para los demás. Quiero que sea sólo para mí, soy ambiciosa. Quiero pedir un deseo, voy a desear el olvido, olvidar estos fantasmas, despertarme sin sentirme confundida. Deseo tener un pronóstico menos incierto para el futuro, deseo ser más positiva mañana, deseo transmitir seguridad. Algo me dice que voy a necesitar una lluvia de estrellas fugaces…


jueves, 16 de diciembre de 2010

Love is a battlefield~

   ¿Existe el amor eterno? Lo dudo. Supongo que es una pregunta que millones de personas se han formulado durante el pasaje de los siglos. Si bien existen frases como: “nada duele para siempre” o “nada es construido para durar para siempre” ¿Se referirán también al amor? En mi opinión, el amor fraternal si es eterno, bueno, hay excepciones. Pero yo siempre voy a amar a mis hermanos, a mi madre, a algunas amigas. La sangre tira más, son la familia que no elegí, pero que amo con todo el corazón. Pero, a lo que me refiero es: ¿Existe el amor eterno entre un hombre y una mujer? La vida me ha llevado a pensar que no. Deben creer que soy una desequilibrada, tengo 14 años y pienso en estas cosas, a los 30 me tiro debajo de un auto, si lo sé, pero no me puede importar menos, es decir, me importa, pero aprendí a fingir que no.
   ¿Cuándo saber que el amor se terminó? Quizá cuando se transforme en “cariño” o “respeto”. Yo desearía enamorarme para siempre. Pero sé que es casi imposible. Quizá lo ame durante el noviazgo, cuando no tengamos preocupaciones ni nada más allá de nosotros dos. Mi amor tal vez se incremente en nuestra boda, la luna de miel y algunos meses después. Pero, ¿qué va a pasar cuando tengamos nuestros hijos? Cuando nos llenemos de preocupaciones, cuando tengamos cuentas que pagar, criaturas que dependen de nosotros y trabajo que hacer, vamos a estar exhaustos, no vamos a tener tiempo para nosotros mismos, muchísimo menos para el otro. Cuando hablemos seriamente, es decir, cuando no hablemos del clima, el informativo o la tos del nene, vamos a hablar del futuro de nuestros hijos, porque el nuestro ya está labrado, vamos a vivir la misma rutina por el resto de nuestra vida. El amor se va a escapar por la ventana, junto con la pasión y toda clase de sentimientos de esa índole. Dejaremos de comunicarnos, porque a nuestro entender, tenemos toda la vida para hacerlo. Entonces nuestros hijos van a crecer, nosotros nos vamos a volver viejos, sordos, mañosos. Nos vamos a sentir solos, pero ya no importa. Vamos a entablar nuevos temas, como los medicamentos o los nietos. Ya no tendremos todas las mañanas para despertarnos, pero probablemente ya no pensemos en ello, siempre tuve miedo de olvidar, pero seguramente también me olvide de mi miedo a olvidar. Ya con nuestros nietos grandes, ni siquiera discutiremos, nos sentaremos en el porche a esperar la muerte, solos una vez más. Y el amor se fue hace años, nos queremos y nos respetamos, pero poco queda de aquellas personas que solíamos ser. Nuestro cuerpo se deteriora, al igual que nuestros pensamientos y nuestras ganas de vivir. No quiero esto para mi vida, yo quiero ser una “eterna enamorada”. Quiero a alguien que pueda descubrir todos los días, que me enamore una y otra vez. Pero es imposible, ¿en dónde encontrarlo?, ¿por dónde empezar a buscar?
   No es una paranoia de medianoche, el lunes vi “Romeo + Julieta”, y no pude evitar pensar en esto. Romeo y Julieta se amaban más allá de todo, pero ¿quién garantiza que sería así siempre? Los que rápido sienten, rápido olvidan. Veámoslo de esta forma: en el caso hipotético de que el amor hubiese triunfado por sobre todas las adversidades. Supongamos que se escapan, a iniciar una nueva vida fuera de Verona. Su amor se hubiera incrementado, hubieran traído descendencia. Pero, ¿Qué pasaría 20 años después? El dinero quizá escasearía, su amor no podría mantener a una familia. Romeo, pelado y barrigón, Julieta, amargada y cansada. Se echarían en cara cómo arruinaron sus vidas, Julieta gritaría que debió haberse casado con el conde Paris, Romeo, que el casamiento clandestino arruinó sus vidas, ambos reprocharían que dejaron todo por el otro, y se resignarían, porque ya no hay vuelta atrás. Tratarían de reavivar el amor sentido en la adolescencia, pero lo cierto es que ya no son los mismos, ya no se guían por los impulsos, después de todo, fueron los impulsos los que los llevaron a ese lugar.
   Me gustaría vivir una historia de amor sin fin, escribirla todos los días. Despertarme y amarlo aún más, elegirlo cada segundo. No quiero arrepentirme, quiero solucionar los problemas, entrelazar nuestros caminos y trazar uno nuevo juntos, mucho más colorido que el anterior. En cuestión de amor, yo no quiero ser una eterna Julieta, no quiero un amor imposible. Honestamente, no sé lo que quiero, jamás lo hice. De lo que estoy completamente segura es de lo que NO quiero, no quiero una vida rutinaria, aburrida, un esposo clásico, monótono, una familia perfecta, de comercial. Yo quiero una vida ajetreada, divertida, llena de subidas y bajadas, un amor bipolar, loco e inestable pero lleno de vida, de emociones, adictivo, vital e indispensable. Quiero bailar eternamente, enamorarme todos los días. Vivir. Reírme, tropezarme incansablemente, tirar todos los muros que yo misma construí. Lo quiero a él, imperfecto, pero perfecto para mí. Quiero estallar en cada beso, en cada caricia, ver estrellas y fuegos artificiales, sentir miles de mariposas en mi estómago. Quiero morir en cada suspiro y vivir en cada susurro. Quiero ser yo misma, ser por fin alguien en la vida de alguien. Quiero soñar a su lado, cerrar los ojos y volar agarrada de su mano, volar alto hasta tocar las estrellas...

martes, 14 de diciembre de 2010

I love the way you lie

    Siempre preferí el dolor de la verdad al de la mentira. El primero quema, mucho, pero no me deja un agujero en mi pecho. Odio que me mientan, me siento humillada, inocente, ingenua, detesto ser la última en enterarme, me siento manipulada, un estúpido y frágil títere sometido a la merced de el astuto titiritero. Está bien, todo el mundo ha mentido alguna vez, es inevitable. Es más, algunas veces, mentir es la mejor opción, las llamadas “mentiras blancas”, no hacen daño a nadie. ¿Cómo decirle a un niño que su gatito murió destripado por un camión? Preferible decirle que se fue a tener familia, o alguna cosa por el estilo. En mi opinión los niños no siempre dicen la verdad. Yo cuando era niña mentía bastante, no podía evitarlo. Pero más adelante me di cuenta de que es innecesario, descubrí que la verdad nos hace libres, porque o soy muy mala mentirosa, o a todo el mundo le invade la culpa, siente un vacío en el pecho que sólo desaparece al decir la verdad. De todas formas, en la vida hay personas peligrosas, mienten por oficio, diversión, hobby, o por lo que sea que lo hagan. Ellos pertenecen a una élite de mentirosos compulsivos. Son personas frías, calculadoras, carentes de corazón y cualquier clase de signos vitales. Ellos te envuelven con tal facilidad que es casi imperceptible, serpientes danzando a tu alrededor, hipnotizándote con sus misteriosos ojos. Es así, lamentablemente el mundo está lleno de ellos, que esperan pacientemente el momento perfecto para enredarte. Son como arañas y nosotros, las moscas despistadas, volamos ciegamente hacia la enorme telaraña una y otra vez. Personalmente YO nunca aprendo, jamás. Aunque suene gracioso, me tropiezo una y otra vez con la misma piedra. Odio que me mientan, pero a veces me veo obligada a mentir, ya sea para sobrevivir o para hacer feliz a alguien, aunque no parezca no me gusta ser un verdugo e ir desgarrando sueños y almas con mi oz, pero cuando es importante, digo la verdad, directa e inexorable. Soy así y no entiendo por qué la gente se enoja conmigo, al parecer no todo el mundo se niega a vivir en una mentira. Decir la verdad es difícil, te convierte en la villana de la historia. La infinita historia de mi existencia.
    Después de todo este recitado, que a mi entender no tiene ni pies, ni cabeza, no puedo evitar preguntarme: ¿Cuál es la peor mentira? Fácil,  no tengo que darle muchas vueltas al asunto. Para mí, las peores mentiras, son las que nos hacemos nosotros mismos. Interpretamos dos papeles al mismo tiempo, somos el títere y el titiritero. Y qué mejor titiritero que nosotros mismos, somos omniscientes, estamos en todas partes, en todo momento. Sabemos cómo actuar, qué palabra usar, cada gesto que debemos hacer.
“No hay peor ciego que el que no quiere ver” es cierto, y viene perfecto para esta ocasión “no hay peor mentiroso que uno mismo”. A veces miento tan bien, que me la creo yo, supongo que a los demás también les pasa, de lo contrario, intérneme. ¿Qué pasa cuando nosotros nos negamos a saber la verdad? Es imposible verla, aunque esté delante de nosotros, mida trece metros y tenga luces fosforescentes girando a su alrededor. Esta clase de mentira nos aísla de la realidad, nos crea nuestro propio mundo de fantasía, donde nosotros somos las guionistas, directoras, iluminadoras y actrices principales. Tengo miedo de vivir en una mentira para siempre, de no saber cuál es cual, de perderme entre la mentira y mi vida. De no encontrar el norte, otra vez. Porque aunque sea en lo más mínimo, todos nos engañamos respecto a algo o alguien. Poniendo un ejemplo más claro, a veces, nos gusta tanto alguien que desarrollamos una especie de esquizofrenia paranoica (yo y mis ejemplos), a lo que me refiero es que escuchamos voces, señales e indicios de que nos corresponde. Nos imaginamos cosas, nos engañamos a nosotras mismas. Porque aunque el pibe no nos de ni la hora, encontramos la manera de imaginar gestos, miradas, de poner en su boca palabras que él jamás diría, inventarle una personalidad, vivir juntos en nuestro mundo, un mundo en donde el nos ama y nos susurra cosas tiernas al oído. Un mundo de dónde es casi imposible escapar, víctimas de nosotros mismos, de nuestra imaginación. Odio a los mentirosos, pero en un punto todos lo somos. El mundo se mueve así, unos mienten para sobrevivir, por placer o para hacer felices a otras personas o a nosotros mismos, la mentira debería ser un pecado capital, por el cual absolutamente TODOS nos declaramos culpables…

jueves, 9 de diciembre de 2010

La mecánica del corazón

Uno: No toques las agujas.
Dos: Domina tu cólera.
Tres: No te enamores nunca.

   Sí, es un libro. No voy a entrar en grandes detalles. Se trata de un niño que nace con el corazón dañado y debe reemplazarlo por un reloj de madera (esta quizá sea la respuesta al punto uno). Arriba están las reglas para no dañar la mecánica del corazón.
Escribo acerca de esto, centrándome en el punto tres. ¿Y si tiene razón? ¿Y si quizá la solución es no enamorarse nunca? De esta forma quedaríamos ajenos al sufrimiento.
   Sí, es sólo un sueño, sufrir es inevitable, en especial en la adolescencia. El primer encuentro cara a cara con el dolor es el que se produce al romperse el castillo de cristal. Supongo que nadie entiende a qué me refiero. Lo que quiero decir, es que hay un punto en la niñez, en que nos empezamos a dar cuenta de que nada es perfecto, la familia, las amigas, los momentos, la vida misma. El ser humano desconoce la perfección. Nunca conocimos a alguien perfecto, ni tuvimos un día perfecto ni un amigo perfecto. La perfección no existe, es el elixir de los soñadores. Simplemente eso. Yo sugiero que el brutal choque con la realidad se produce tarde o temprano, por más tiempo que pueda retenerse. En algún momento nos vemos obligados a ver la realidad, a apoyar los pies en la tierra y mirar el mundo, observar desde abajo el rompimiento del castillo, vidrios de colores volando en el aire, hacerse trizas junto con nuestros sueños. Este hecho probablemente marque el pasaje de la niñez a la adolescencia. Dejando atrás un pasado feliz para sumergirnos en un presente oscuro e incierto. Este suceso me recuerda a cuando Adán y Eva comen del fruto del árbol del bien y del mal, cuando adolecemos, comenzamos a sentir envidia, vergüenza y un sinfín de sentimientos desconocidos en ese entonces.
   Yo siempre me quejo de que NADIE me ama. Pero en cierto punto tengo miedo, me aterra ser amada. Y sí, soy pesimista. No vivo la vida al máximo, siempre tan precavida, miro el futuro. “Cuando me deje voy a sufrir”, esa frase refleja la poca seguridad que tengo en mí misma, no puedo vivir el hoy, siento que debo protegerme, respaldarme. Me tengo que valer por mí misma, porque nadie le va a decir “che, cuidala a Martina, es sensible, es frágil”. En cierto punto, porque tengo una coraza a prueba de balas, nunca dejo que nadie me ayude, nadie me ha visto titubear, no me gusta mostrarme indefensa. Siempre me consideré una persona autosuficiente, insensible y despiadada. Esa es la imagen que decidí mostrar, no puedo ni quiero dar lástima. Es así, yo no me puedo enamorar, aprendí de la peor manera que la gente SIEMPRE se va, por lo tanto, mientras menos personas entren en mi reducido círculo afectivo, mejor. No puedo soportar la idea de ser abandonada o peor aún, reemplazada. Eso jamás, sobre mi cadáver. Nunca me voy a amoldar a la idea de que alguien ocupe mi lugar, un lugar que por derecho me corresponde a mi, por el que luché. Es mío y punto. No me gustan los intrusos. Y no, no son celos, ni envidia, simplemente me rehúso a ser desplazada de la vida de alguien sin explicaciones. Cuando una amiga me abandona, o me reemplaza, me siento huérfana, perteneciente a ninguna parte. Puedo dramatizar, pero no soporto la idea de estar sola, más concretamente la sensación de estarlo. También me da pánico el fracaso, saber que me caí, una vez más. Me gustaría tener el poder de congelar el tiempo, retrocederlo y permanecer chiquita para siempre, podría seguir siendo simple. Prefiero el monstruo que habitaba debajo de mi cama. Pero ya no le tengo miedo, conocí los demás miedos, que a diferencia del monstruo, se presentan en todo momento, son espectros que me persiguen, que llaman a mi puerta en las noches, me oprimen, me envuelven, me rellenan los huesos y danzan infinitamente a mi alrededor, reviviendo una y otra vez. Lo siento monstruos de la oscuridad, pero ya no puedo temerles. Tengo adversarios más grandes a los que enfrentarme, vuelvan a los rincones recónditos de mi mente, pasen a formar parte de mi olvido, fúndanse en los remolinos del pasado y vuelen, vuelen lejos, desaparezcan porque esta niña dejó de creer...

“La niñez se mide por sonidos, olores e imágenes antes de que se extienda la hora oscura de la razón”.
                 John Bitjeman (“El niño del pijama a rayas”).
                              

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Miss invisible, miss nothing ~

   Siempre me quejé de ser invisible. Sí, por extraño que suene, invisible. A veces siento que cuando me miran ven a través de mí. Es así, ahora alcanzo a comprender que hay muchas como yo. Que somos invisibles, las ningunas del mundo, nada para nadie. Pasamos por un lugar sin dejar rastros, siento miedo de que mi pasaje por el mundo sea así, solitario. No quiero que la vida sea una proyección de mi adolescencia. No. Me rehúso, a mí no me da lo mismo ser o no ser. Me contradigo yo sola, mi autoestima varía al igual que el día, no sé si hay algo en el tiempo, en el agua o qué. De todas formas prefiero no comentarlo con nadie, hay personas que me entienden, un reducido número. Uno sólo puede abrirse con aquellos que considere sus semejantes. Los que atraviesan los mismos cambios, les pasan las mismas cosas, sufren y experimentan el mismo dolor y los mismos miedos. ¿Para qué desmoronarme delante de alguien que no me entiende? Por más buenas intenciones que tenga, me va a decir “ya vas a estar mejor”. Pero las cosas no pasan. Se quedan, guardadas y acumulándose en lo más profundo de mi ser, para salir en forma de volcanes o cataratas. El silencio no es la solución, nunca lo fue.
   Cielo Latini alguna vez escribió: “esa soy yo, quien excede los límites de la normalidad, pocas veces para bien”. Yo puedo ser esa persona, muchas veces. Es más, creo que ESA persona trasgresora vive adentro de cada uno de nosotros. Simplemente, hay pocas personas que la dejan salir a la luz, por miedo a lo que piensen los demás. Lamentablemente el mundo se mueve así. Creo que todo el mundo coexiste con varias personalidades al mismo tiempo. Cada una sale en el momento que puede o tiene que hacerlo. Mi pregunta es la siguiente: ¿Qué se considera normal? Para mí, la sociedad es quien dictamina si algo o alguien es normal. Quién pase desapercibido es una persona normal, quien se comporte de manera adecuada pasa a ser considerado normal. Entonces, en mis paranoias de medianoche no puedo evitar pensar ¿Cuál es el comportamiento adecuado? ¿Ser igual a los demás? ¿no sacar a flote las emociones? Porque la persona que no piensa en llorar sin razón, romper todo de repente o reírte de la nada misma, escapa de cualquier normalidad existente, o por lo menos de la mía. Y todo esto me lleva a preguntarme quién soy, qué es lo que quiero para mi vida. Lo triste es que no puedo contestar ninguna de las dos preguntas. Supongo que podría decir que me llamo Martina y que quiero una casa grande, un mini cooper, un perro golden y alguien que ame a esta Martina, la verdadera. Y digo la verdadera, porque no es la única, todos fingimos algunas veces y créanme, puedo ser la reina del engaño. Yo quiero instalarme en su corazón, no en sus ojos, porque a mi entender, el cuerpo es simplemente un envase, que se marchita con el pasar del tiempo. En un punto, a veces considero que es bueno ser invisible. Estoy segura de que no soy normal, de que nunca fui la más linda, la más graciosa, la más buena ni la más simpática. Nunca voy a ser como esas minas que entran a algún lugar y automáticamente todos advierten su presencia, que caminan con paso seguro, robándose todas las miradas. No. Yo soy una chica simple y quiero seguir siéndolo. Soy invisible y voy a esperar a que unos ojos me miren, me miren y por fin me vean.

martes, 7 de diciembre de 2010

Brick by boring brick...

   Todo el año esperé a que llegara el verano. Acá estoy. Aburrida. A veces me da la impresión de que hay una fiesta a la que no estoy invitada, si, suena paranoico, lo sé, pero no puedo evitarlo cuando veo que hay muy pocas personas en mi msn. ¿Acaso TODOS tienen cosas más interesantes que hacer? Porque eso parece.
   A veces no puedo disimular la sensación de vacío que me invade, de soledad. Y no es que esté sola, al contrario, pero la vida me ha enseñado de la forma más dura que se puede estar sola en tu casa, en una fiesta, en un cine. La soledad es complicada, te captura, es algo que simplemente pasa. ¿Por qué? No sé. Sólo sé que son las 3:35 a.m y yo sigo acá, esperando que el sueño venga a buscarme.
   De todas formas, no me molesta estar sola, nunca lo hizo. Supongo que desde chiquita asumí que iba a estar sola, sola para siempre. A veces me siento dormida, paralizada, en un coma profundo. No exagero, hay días en los que simplemente no hago absolutamente nada. Respiro porque tengo que hacerlo, pero intento moverme lo mínimo posible.         
    Quiero salir, estoy harta de esta vida sedentaria, de no hacer nada. De ver fotos en facebook de la salida de fulana y mengana a tal lado. Me cansé. Ya no quiero vivir por inercia. Ya es tiempo de que me dejen hacer más cosas. Ya no soy una niña, o al menos, eso quiero que piensen. Lo que quiero decir es ¿cómo voy a saber las cosas que me gusta hacer si no pruebo? Dudo que baje un duende mágico que me muestre las posibilidades. Yo soy de la idea de que hay que ir a buscar las cosas, porque una mano mágica no nos las va a dar. Sentada en esta silla no voy a divertirme. Y es así, a veces pienso que soy yo la que decide estar así, y tal vez lo quiera de esa forma. Complicado el ser humano. Preferimos permanecer de tal forma, porque no conocemos otra cosa, y nos aterran los cambios. Bueno, no soy psicóloga ni nada que se le asemeje. Simplemente escribo lo que me sale. Me voy a acostar, y a soñar que alguien me ama, para levantarme con la vaga esperanza de espantar la nube negra que me acecha.